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Historias del Metrobus #3: Cara a Cara

Soy un man simple. Me respetas y te respeto. Sobretodo entre hombres, donde hay reglas no escritas con las que todos crecimos, y son reglas tan fáciles como:

1. Si estamos en un urinal y tenemos que hablar jamás mires de lado, siempre de frente mijo.

2. Si hay roce de piernas, nos alejamos disimuladamente y hacemos un comentario macho (masculinidad frágil).

3. De haber un punteo involuntario…nadie dice ni comenta nada.

y la regla de oro es…

4.  Si estas en un metrobus y te toca estar a menos de 10 cm de otro hombre siempre te pones espalda contra espalda, aunque recibas un punteo involuntario. JAMÁS, y repito JAMÁS CARA A CARA.

Estas reglas no las conocía mi vecino de viaje en este día. El man se subió. Buscó su lugar. Se acomodó frente a mí y en vez de dar la espalda el man se quedó de frente. Mirándome, analizándome, indagando en lo más profundo de mi ser o que sé yo. Y sin decir una cabrona palabra. Así comenzaron los 27 minutos (los conté) más incómodos de mi semana.

En un momento dado el tipo quitó la mirada. . Pensé que había terminado la pesadilla, pero no. El tipo se aburrió de ver para otro lado y se puso Cara a Cara…de nuevo.

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No había ni los 10 cm reglamentarios y el man seguía allí. Yo miraba a cualquier parte. A los martillos del bus, al viejito que se quejaba de todo, a la muchacha vestida de oficina que se veía bien, a la otra muchacha vestida de oficina que se veía bien y a la otra que se vestía como mecánico…pero también se veía bien. Y aún el viaje seguía siendo incómodo. Sentía la presencia de este tipo. Y el viaje seguía dándome amsiedad.

El bus hizo parada, pero parecía que salían fantasmas porque aún no se aflojaba  y yo acorralado en esa esquina pensando, «Ahora este man se corre y ya se acaba esta pesadilla». Pero no, no pasó así. El tipo siguió allí. Traía consigo un paraguas y para hacerlo todo aún más incomodo, agarró y ancló el paraguas en el pasamanos del bus. Así que ahora no sólo era la mirada del man, sino su paraguas a 3cm de mi cara, lo que tenía que soportar.

No aguanté más, tengo límites y como todo hombre que se respeta, hice lo que cualquier hombre habría hecho…me bajé del bus, como un cobarde. A 5 paradas de la mía y sin esperanzas de que pasara otro.

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Eran sólo dos kilómetritos y hacía un sol radiante (infernal, focop, emberracao). Así que caminé como un idiota. Llegué al trabajo sudado y con unas ganas terribles de ir al baño. Me dirijo al urinal. Estoy en lo mío cuando entra un compañero de trabajo. Sólo hay dos urinales, así que se parquea en el de al lado y empieza su faena. Y también empieza a hablarle de quién sabe que cosa, por que honestamente no me importaba. Ya no hay códigos.

Definitivamente…No hay respeto.
 

Written by Máhnuee Trejos

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